Sorprendidos/as por el Servicio y el Sacrificio
Jesús viene a cada uno/a de nosotros/as, y viene de manera sorprendente – como un servidor. Aún en la preparación para la celebración de la Pascua con sus discípulos, el decide – en un acto radical de humildad – a lavarles los pies a los discípulos. En la cultura durante los tiempos de Jesús, los discípulos debieron haber lavado los pies a Jesús. Sin embargo, los roles fueron subyugadas. Jesús no solamente sirvió, sino que también sacrificó. La cena de la Pascua era un preludio del sacrificio que tomaría unos pocos días después al dar su vida en la cruz por nuestra salvación. En la obra de nuestros misioneros en la República Democrática del Congo, las sorpresas de servicio y sacrificio del pueblo de Dios pueden ser experimentadas aún en nuestros tiempos.
Las Escrituras: Juan 13:1-15
(Reina Valera)
1 Antes de la fiesta de la
Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo
al Padre, como
había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y
cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote
hijo de Simón que lo entregara, 3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado
todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, 4 se
levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó. 5
Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a
secarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Cuando llegó a Simón Pedro,
este le dijo: --Señor, ¿tú me lavarás los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo:
--Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después. 8
Pedro le dijo:--No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió:--Si no te lavo,
no tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: --Señor, no solo mis pies,
sino también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo:--El que está lavado no
necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios
estáis, aunque no todos. 11 Él sabía quién lo iba a entregar; por eso dijo: «No
estáis limpios todos». 12 Así que, después que les lavó los pies, tomó su
manto, volvió a la mesa y les dijo: --¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros
me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el
Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros
los pies los unos a los otros, 15 porque ejemplo os he dado para que, como yo
os he hecho, vosotros también hagáis.
Haz un clic en los siguientes enlaces para acceder la enseñanza escrita por Lynn y Virgil Nelson, misioneros recientemente jubilados después de muchos años obrando en la República Democrática del Congo.

